Bordeando la mediocridad. Empieza bien, con una premisa interesante y la siempre agradecida presencia de Bill Pullman embutido en el inspector (retirado) Harry Ambrose. Tiene a su favor una especie de Macguffins que representan a distintos personajes, historias personales de la víctima con ellos. Esto permite un desgrane lógico de los acontecimientos, casi con una estructura por niveles. Desafortunadamente, también simboliza su mayor lacra: una linealidad que desinfla poco a poco el interés inicial hasta quedarse en apenas una plasta de goma en el suelo. Lo formulaico de la investigación y lo poco profundo de su excesivo reparto de personajes hace que, para el final, cualquier voluntad emocional se quede en un golpe a medias. Apliquemos eso también al arco de personaje de Ambrose, inicialmente lleno de promesas y finalmente vacío de consecuencias. Incluso Sonya abandona a mitad de serie para no volver nunca, cuando era el puntal más importante para la terapia de Ambrose.
No he disfrutado demasiado de la temporada. Mejor que la segunda por un margen muy pequeño. Lástima que una serie tan grande en sus inicios haya terminado así.