¿Qué hacemos con adolescentes como jamie?
Este capítulo no se ve, se siente. No es solo una historia sobre un adolescente acusado de asesinato, es una experiencia MUY incómoda, angustiante y brutalmente real.
Porque jamie no es solo él. Es el reflejo de algo más grande. Es un producto de un mundo que le ha enseñado que sentir es peligroso, que la frialdad es sinónimo de poder, que mostrarse vulnerable es perder. En su mirada hay algo que aterra, no porque sea maldad pura, sino porque nos damos cuenta de que cree que necesita ser así para sobrevivir.
Las redes sociales no inventaron este tipo de masculinidad, pero la han amplificado. Hoy los adolescentes crecen viendo discursos que les dicen que un hombre no llora, que un hombre domina, que un hombre no se deja humillar. Jamie no es una anomalía, es el resultado de un sistema que lleva años funcionando así, solo que ahora es más evidente, más inmediato y más brutal.
Y ahí está la psicóloga, intentando encontrar algo real detrás de su máscara. Pero ¿y si no hay máscara? ¿Y si simplemente es así? ¿Y si nadie se tomó el tiempo de enseñarle otra forma de ser?
Este episodio no tiene respuestas, solo preguntas incómodas. Me deja con la sensación de que lo que estamos viendo no es solo un caso aislado, sino un patrón que se repite en miles de adolescentes. Me obliga a preguntarme como estudiante de psicología, qué estamos haciendo mal como sociedad, qué papel jugamos en la creación de chicos como Jamie, y lo más aterrador: ¿qué pasa cuando ya es demasiado tarde para salvarlos?